La conferencia es el soneto del mundo académico. Así de ceñido se ve el concursante, que puede ser sublime, pero está a un paso de cagarla, pero bien. Es el paseíllo y el escaparate en privilegio. No es la cosa multitudinaria de los congresos, en que, todos a pares, desligan sus ponencias y se muestran. Al conferenciante le han puesto para la tribuna el sonacay por delante, es el protagonista absoluto.
En estos días están dando en el Complejo de el Triunfo unas conferencias sobre literatura marroquí. Escritores de primera plana y arabistas enjundiosos, sabios que enumeran en el folio las quince ideas que van a desarrollar y que le bajan las pulsaciones hasta a la intérprete, que se enfermaba.
Ninguno hizo nada más que leer la entrada de cualquier enciclopedia, dictar un trabajo de primero de filología, malbaratar la entrada más conspicua del BOE. Mas hay a quien los tercetos no espantan.
La escritora Laila Abuzaid (perdonen la trasliteración) puso ironía, pulso, peso y pasodoble a la homilía. Quizá ese estilo tan americano, ese speech que aprendió en Austin (una marroquí menuda y pulcra en el corazón de Texas, qué cosas). Se le notaba la pátina que le faltaba a las gárgolas de biblioteca borgiana. Tal vez sea la cantinela de la inteligencia emocional femenina y por eso conectó mejor con el público, incluso cuando el argentino profesional se irguió a preguntarle si no se sentía víctima del furor de los arabistas sedientos de orientalismo cliché (no la llamó Catilina, a poco estuvo).
Contó como nadie que a ella le tuvo respeto la esfera literaria del moro porque la leyeron en la traducción estadounidense. A uno le da cuerda a la esperanza ver cómo una señora tan encantadora y exquisita como Laila, que escribió cómo se pisotea(ba) a las muejres en Marruecos, ha llegado al cánon (la leen en las ecuelas) desde la versión inglesa, desde una traducción.
Se marcó el soneto, Laila. Hizo técnica y punzó la lagrimita de niños leyéndola al fin en casa (chez moi, decía para referirse a Marruecos, no me digan). Nos dio ganas de leerla a ella y al que venga. Salam Aleikum, Laila.
jueves, 15 de mayo de 2008
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